La figura que se ocupa de todo el proceso de rehabilitación de tu edificio. Con una diferencia que conviene decir la primera: nosotros no llevamos solo la subvención — llevamos también la obra. O nos ocupamos de todo, o no entramos.
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Cuando una comunidad de propietarios rehabilita su edificio, se encuentra de golpe con cinco interlocutores: el técnico que redacta el proyecto, quien tramita la subvención, la constructora que ejecuta, la administración que revisa y el banco si hay que financiar. Cada uno responde de su parte y de ninguna más.
El agente rehabilitador es la figura que asume todo eso y responde ante la comunidad como un único interlocutor. No es un intermediario que reenvía correos: es quien se hace cargo del proceso completo y a quien la junta puede pedir cuentas cuando algo no sale.
La figura aparece precisamente porque los planes de ayudas a la rehabilitación son complejos: tienen requisitos técnicos, plazos que no se pueden perder y justificaciones posteriores. Una comunidad de vecinos no tiene por qué saber moverse en eso, y un error de forma puede dejar fuera una ayuda ya concedida.
Esto es lo más importante de esta página, así que va sin rodeos: hay empresas que se ofrecen a tramitarte la ayuda y ahí termina su trabajo. Te consiguen la resolución, cobran por ello y la obra la contratas tú por tu cuenta, a otro.
Nosotros no trabajamos así. Si no nos ocupamos de todo, no intervenimos. El paquete es viabilidad, proyecto técnico, tramitación de la ayuda y ejecución de la obra con equipo propio. No se parte.
Porque cuando el papeleo va por un lado y la obra por otro, el día que aparece un problema —y en rehabilitación aparece— cada uno señala al otro. La gestoría dice que el proyecto estaba bien y que ejecutaron mal; la constructora dice que el proyecto no contemplaba lo que había detrás del revoco. Y la comunidad, en medio, pagando.
Con un único responsable de principio a fin ese partido no se juega. Si algo falla, falla de nuestro lado, y lo resolvemos nosotros. Es más incómodo para quien lo firma y mucho más tranquilo para quien lo contrata.
Se mira el edificio y se mira la convocatoria. Antes de que la comunidad se gaste un euro o convoque una junta, conviene saber si el edificio encaja en los requisitos y qué actuaciones tendrían sentido. Si no encaja, se dice. Preferimos perder un estudio que meter a una comunidad en un proceso que no va a salir.
La mayoría de las ayudas exigen tener el edificio evaluado. Lo explicamos aparte en IEE en Madrid, que es el informe con el que empieza casi todo en el Plan Rehabilita.
Redactado por técnico competente y pensado para dos cosas a la vez: que la obra resuelva el problema real del edificio y que cumpla lo que la convocatoria exige justificar. Un proyecto que solo mira a una de las dos cosas acaba costando dinero.
Preparación del expediente, presentación en plazo, respuesta a requerimientos y justificación posterior. Esa última parte es la que más ayudas se lleva por delante: concedidas y luego perdidas por justificar mal o tarde.
Ejecutada con equipo especializado, que es la parte que una gestoría no cubre y donde se decide si el resultado dura. Puedes ver cómo trabajamos en SATE en Madrid.
En Madrid conviven ayudas municipales, autonómicas y estatales, con requisitos y plazos distintos. Parte del trabajo es saber a cuál presentarse en cada caso —y a veces encadenarlas— sin que una excluya a la otra.
Cubrimos el Plan Rehabilita Madrid, que es el municipal, y el Plan Estatal de Vivienda. Las convocatorias cambian de un año a otro, así que lo que decimos por escrito aquí es lo estable: qué hacemos y cómo. Los plazos concretos se comprueban en cada caso, porque son lo que más rápido caduca.
Cuéntanos qué edificio es y qué os preocupa. Con eso ya se puede orientar.
Vamos a ver la fachada, la cubierta y los patios. De ahí sale un informe de viabilidad de verdad, no un folleto.
La comunidad recibe algo que puede leer, comparar con otras ofertas y votar. Sin letra pequeña y sin compromiso.
A partir de ahí la comunidad trata con una sola persona hasta que se retira el andamio.
No. Es la pregunta más frecuente y la respuesta es que no: o llevamos el proceso completo, obra incluida, o no entramos. No es una condición comercial, es cómo podemos responder de un resultado.
Que la comunidad decide entonces si quiere hacer la obra igualmente o no. Por eso el estudio de viabilidad va primero y es gratis: para que nadie se comprometa a nada antes de saber a qué atenerse.
El administrador gestiona la comunidad, que no es lo mismo que dirigir una rehabilitación con expediente de subvención. Trabajamos con administradores a menudo, y la relación funciona bien precisamente porque cada uno hace lo suyo.
Depende del edificio, y sin verlo cualquier cifra sería inventada. Lo que sí podemos decir antes de pisar la obra es de qué depende. La visita y el presupuesto no tienen coste ni compromiso.
Sí, en la Comunidad de Madrid. Los plazos y las convocatorias cambian según el municipio, y eso también se comprueba en el estudio previo.